Una perspectiva económica para 2015

Pese a que muchos indicadores económicos han sufrido deterioros marcados la Política Económica no muestra signos de cambio para el último año de gestión. Después de más de una década de conducir el destino del país, se atisba un 2015 muy volátil y complejo, lejos de un “feliz” final de mandato.

Desde hace, al menos, 4 años, el Gobierno renunció a su objetivo de contener la inflación. A esto hay que sumarle los desajustes fiscales financiados con emisión monetaria sujetando dicha variable a necesidades de coyuntura “no económicas” y desvirtuando, de este modo, uno de los objetivos centrales del BCRA. Hay que recordar que en 2012 se modificó la carta orgánica de la Autoridad Monetaria incluyendo como uno más de los objetivos de su gestión la “promoción del empleo y el desarrollo económico con equidad social”.-

Respecto de la política cambiaria, el Gobierno ha mostrado que el Tipo de Cambio no será la variable de ajuste fundamental pese a tener un severo atraso, y esto tiene que ver con la concepción que se tiene de utilizar esta variable como ancla monetaria para contener las subas de precios. Pero esta decisión tiene un costo implícito que  es el continuo y cada vez más pronunciado deterioro de la Balanza Comercial y su paralelismo en el nivel de actividad. El crecimiento económico detuvo su paso y los lineamientos de la Política Económica que ha desplegado este Gobierno en los últimos años, basados en el consumo como variable fundamental del crecimiento, hacen pensar que este 2015 terminará con un deterioro sensible del crecimiento sin posibilidades reales de revertir esta tendencia. No se puede sostener durante tanto tiempo la actividad económica en base a una variable tan volátil como el consumo. Además, esto significó potenciar fuertemente el nivel de endeudamiento de las familias, y esta circunstancia tiene un límite que puede volverse peligroso.-

El nivel de Reservas del BCRA es otra variable muy observada por que solo detuvo su sangría a partir de un acuerdo con China de intercambio de monedas. Esto es una medida transitoria que intentó, y logró, despejar parcialmente las expectativas de devaluación en virtud del escaso nivel de divisas en manos de la autoridad monetaria, pero que, una vez más, no es una solución definitiva. Con todas estas medidas, el Gobierno ha mostrado que solo tiene interés en “comprar tiempo”, es decir, que como sería de esperar, con  la certeza de que deja el mando a fin de año, las medidas que se tomen serán solo “de cosmética”. Pero cuando algunas de las variables están tan deterioradas, esta postura puede costar muy caro.-

El año económico se inicia en marzo y será muy complejo. Lleno de expectativas y plagado de volatilidad, será necesario ser razonable a la hora de tomar decisiones. No arriesgar más de lo necesario y armar una estrategia  de cobertura tendiente a no descapitalizarse. Los precios agrícolas están en pisos históricos por lo que, desde lo productivo habrá que llevar a cabo un plan conservador tendiente a “tratar de no perder” sin esperar grandes rentas. La inflación, visto el nivel de emisión que se espera que lleve a cabo el BCRA para financiar al Tesoro Nacional en un año electoral, seguramente será similar a la de 2014 (alrededor del 35%) por lo que, considerando esto, es necesario planificar con márgenes reales que pueden volverse negativos. La política va a marcar la “temperatura” de la economía. El dólar informal, aunque parece estar “detenido”, seguramente se empezará a “mover” a partir del momento en que los sindicatos negocien y consigan aumentos salariales y los precios se muevan. La financiación es la única variable que parece ser conveniente ya que en la actualidad las tasas reales de crédito son negativas, pero hay que ser cuidadoso a la hora de elegir la fuente de financiamiento por que no siempre el número final puede ser positivo. Será un año más para la observación del contexto y la reflexión. Muchos sectores, deben revisar su estrategia para aprender de los errores. Cuando el contexto se muestra tan aleatorio  no es bueno tomar decisiones que se hundan en lo más esencial de la empresa. Las perspectivas de mediano y largo plazo para el sector productor de alimentos son muy buenas, por lo que solo hay que tener paciencia y racionalidad. Va a hacer falta que se desmantelen muchas trabas al comercio, sobretodo en el ámbito doméstico, que han generado situaciones de “oligopolización” en algunos mercados, pero que rozan intereses muy concentrados. Por esto es necesario, diría imprescindible, que el sector agropecuario revise sus expectativas y su comportamiento para conceptualizar su rol desde un punto de vista más institucionalizado. Pero ese es un análisis para otra circunstancia.

 

Juan Ignacio Lozano
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios
Ideas&Economía

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