“Trigo: Se acerca la cosecha con un mercado oscuro y la cadena comercial resquebrajada”

A medida que se acerca el comienzo de la cosecha de trigo, las incógnitas son muchas y algunas con posibilidad de varias respuestas.

Estamos en uno de los peores años para cosechar el cereal. Los precios internacionales son bajos y sin miras de que vayan a subir al menos hasta marzo. Los precios internos son peores por el desmanejo del Gobierno nacional que no autoriza con agilidad ventas al extranjero, haciendo que los compradores “se diviertan” poniéndole el valor que se les ocurra a los trigos nacionales. Recordemos que el argumento falaz y avieso es que no abren con ritmo las exportaciones de trigo para garantizar el volumen suficiente para el consumo interno y con precios bajos. Lamentablemente las dos puntas de la cadena se encuentran sin beneficiarse. Porque los productores cobran poco por el cereal y los consumidores pagamos precios cada vez más altos por la harina, los fideos y el pan.

“Si el año pasado fue complicado vender el trigo, este año será peor” vaticinaba un veterano corredor de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

Porque ya se está vislumbrando que los compradores de la exportación realizarán sus adquisiciones cuando, como y al precio que se les ocurra, sin tener que cumplir con fechas estrictas de ventas al exterior. Y en el caso de los molineros ocurrirá algo similar, porque los industriales no tendrán ningún apuro, ya que tienen garantizado todo el trigo –y más- que necesitan para su molienda anual.

Pero existe una circunstancia que se debe tener en cuenta y en especial en este ciclo productivo.

Desde hace más de 120 años cuando se institucionalizaron las entidades del comercio granario, la cadena comercial estaba correctamente delineada, con roles bien precisos para cada uno de sus componentes. El chacarero era quién producía el cereal. El acopiador y/o cooperativa eran quienes recibían la mercadería en cuestión y gestionaban la comercialización, siendo el segmento de confianza de los productores. El corredor de granos era el nexo entre acopios y compradores, dando todas las alternativas posibles de venta y compra, siendo de la confianza de ambas partes. Y por último estaban los exportadores y molineros que son los que compraban el trigo ya sea para vender al extranjero como para molerlo y hacer harina y subproductos. Existían mercados libres y transparentes donde todos podían ver que valía el trigo ya sea en el disponible como en los futuros. Y las variaciones de precios estaban signadas por lo que ocurría con la oferta y la demanda.

Por estos años, todo esto cambió. Hoy ningún participe “confía plenamente” en el otro. Los exportadores y molineros compran directamente (en forma directa) a los productores con condiciones que no les dan a los corredores y acopios. Muchas veces bonifican los fletes o envían sus camiones a cargar al campo, negocian tarifas menores por el almacenamiento, secada y acondicionamiento del cereal. Los corredores ven que el avance que hicieron los compradores ya los sobrepasó, yendo directamente a los campos, perjudicando también a las cooperativas y acopiadores.

Y todo esto lo único que genera es obscuridad, precios ocultos, condiciones que no se conocen, falta de transparencia en los mercados.

Además, los compradores tienen todas las herramientas como para hacer valer su dinero, con financiación interna o externa, plantas de silos ubicadas estratégicamente, camiones “a piacere” a pesar de estar en plena cosecha, y lo más importante, acuerdos de todo tipo con los funcionarios de turno.

Difícil y complicado panorama para el trigo, cereal que otrora era buen negocio sembrarlo y orgullo nacional por su calidad comercial reconocida internacionalmente.

Pero eso era en otros tiempos.

 

Alejandro Ramírez
Analista Agropecuario

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