Volver a crecer

Desde hace al menos tres años el país no registra índices de crecimiento económico positivo. Esto se debe al comportamiento de algunas variables internacionales y a los efectos rezagados de algunas decisiones de política económica.-

El crecimiento económico es bastante más complejo de lo que parece y para generar un comportamiento positivo es necesaria una visión más sana de la economía y el análisis de muchos factores a la vez.

Desde hace varios años nuestro país registra un alto índice de inflación y un estancado nivel de crecimiento, entre otros aspectos. El aumento recurrente en el nivel general de precios tiene, fundamentalmente, una raíz monetaria, es decir, se basa, sobre todo, en el desproporcionado aumento de la cantidad de dinero que emitió el BCRA año a año. El crecimiento, variable a la que están unidos la pobreza, el desempleo, la actividad económica, etc., es un indicador de la salud de la economía, más aún cuando se trata de una economía en fase de desarrollo como la nuestra.

En los últimos 12 años, el “motor” de la economía fue el consumo, y prácticamente todas las políticas importantes estuvieron orientadas a sostener y promover esta variable. De este modo, se postergaron (o se omitieron) decisiones relativas a infraestructura de transporte, mercado de capitales promoción y estímulo del ahorro, financiamiento de inversión productiva, incentivo diferenciado por sectores, etc.

Simultáneamente, y para atender necesidades de corto plazo, se manejó la tasa de interés, el mercado cambiario y  el crédito al consumo, en sus distintas versiones, para tratar de mantenerse “sobre la senda de crecimiento” original, sin atender las consecuencias de largo plazo de dichas decisiones y la “trampa” que esto podía generar. Claro está, que en nuestro país, las decisiones de largo plazo siempre han sido postergadas porque sus efectos, precisamente, no se ven inmediatamente y no rinden “frutos”.

Es así que hoy, después de más de tres años, la tasa de crecimiento se ha “planchado” y para volver a crecer serán necesarias medidas poco agradables, al menos para el “sobreconsumismo” al que nos hemos acostumbrado. La tasa de interés, que usualmente es considerada como “el precio del dinero” es una variable que se incrementó de manera forzada para tratar de frenar las especulaciones respecto al dólar.

El dólar, se “encorcetó” para que quienes querían ahorrar en divisas vean dificultadas sus intenciones y lo hagan en pesos. Y el ahorro, sobretodo en moneda doméstica, se derrumbó algo que el argentino promedio sabe a ciencia cierta por su historia y porque tiene una fundada experiencia al respecto es que, cuando el ambiente económico se pone “espeso” hay que “refugiarse” en dólares. Así es que, a la luz de las expectativas (potenciadas luego con la creación del “cepo) y del nivel de consumo cada vez más alto, el ahorro se derrumbó dejando sin fondos a quien quisiera financiarse para invertir.

A esto hay que sumarle una notable falencia del sistema financiero argentino para orientar fondos hacia la inversión productiva y el fomento sectorial, y la consecuencia es un raquítico esquema crediticio para inversión que, una vez “quemadas las naves” de la capacidad ociosa, nos deja en una situación delicada de inversión/crecimiento. Las corrientes de pensamiento económico más resonantes hablan de que el crecimiento tiene como raíces más importantes al avance tecnológico, la educación aplicada y la inversión.

El avance tecnológico es, en nuestro país, importado, la educación atraviesa un período de fuertes cuestionamientos y falencias, y la inversión apenas alcanza a amortizar el desgaste natural de la maquinaria instalada sin vistas de que mejore en el corto plazo. Para esto hará falta decisión política y visión de futuro, además de voluntad para implementar medidas de sanidad económica y estímulo a una de las arterias más importantes de la economía.

Para volver a crecer hay que tomar medidas mirando “un poco más allá” de las próximas elecciones y dejar de estimular artificialmente el consumo, que es, ni más ni menos que el complemento del ahorro. Solo se ahorra lo que no se consume. Si el consumo es una gran proporción del ingreso, el ahorro tiende a desaparecer.

Además de fomentar mecanismos de ahorro novedosos y al alcance de más gente, es necesario revalorizar el ahorro como “la base de la fortuna”. Eso es volver a crecer.

 

 

Juan Ignacio Lozano
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios
Ideas&Economía
e-mail: ideasyeconomia@gmail.com
Twitter: @ideasyeconomia

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