Los camioneros de la cosecha: entre “cráteres” y caminos abandonados hace 10 años

La fila de camiones es interminable, se pierde en el horizonte que termina en el río Paraná. Los vehículos de carga van a paso de hombre por un camino de ripio que termina en los puertos de Cofco, Renova y Dreyfus, en Timbúes. Con el tránsito la tierra se levanta y crea nubes de polvo espesas, como si fuera una neblina.

La lentitud de los camiones no solo es por la cosecha, sino por los pozos que hay en ese camino. “Tenemos que atravesar cráteres y hay que ir muy despacio para cuidar el vehículo. Se podría tardar la mitad de tiempo si el camino estuviera en buenas condiciones”, advierte Manuel Perrone, un transportista de 46 años, oriundo de Devoto, Córdoba, cerca de San Francisco, quien desde hace más de 10 años trae granos a los puertos de la zona.

Por día llegan entre 8000 y 10.000 camiones a la zona de los puertos del Gran Rosario, de donde sale el 85 por ciento de la cosecha de granos del país, que este año será récord de acuerdo al Gobierno con cerca de 140 millones de toneladas de granos en total. Según el último reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario, ya se cosecharon el 75 por ciento de los cultivos de maíz y el 40 por ciento de soja, por lo que el tráfico será incesante durante los próximos meses.

El año pasado, cuando la cosecha fue menor a causa de la sequía, llegaron 1,5 millones de camiones a las terminales del Gran Rosario, de donde salieron rumbo a distintas partes del mundo 2170 buques con sus bodegas repletas de granos, aceite, harina y otros subproductos del complejo agroindustrial.

A pesar de que el camión es el flete más caro, el 83% de la producción agropecuaria del país se mueve en ese tipo de vehículos que surcan las rutas del país, sobre todo en un radio de 400 kilómetros de la llamada zona núcleo. Solo el 16 por ciento de los granos se transportan en tren y apenas el 1 por ciento en barcaza.

En esta campaña se prevé que arriben a los puertos más de 2 millones de camiones cargados con granos. Lo hacen por rutas nacionales, y caminos provinciales y municipales, que están cada vez más deteriorados. La ruta nacional 11, que es la que va de norte a sur sobre las terminales, está destruida, con huellas y pozos muy profundos en la carpeta asfáltica. Las rutas 34 y 9 también están en muy mal estado, y los caminos municipales que conducen a las plantas, que en su mayoría son de ripio, son prácticamente intransitables.

Los habitantes de las ciudades que viven en la zona portuaria sufren también las consecuencias de estas falencias en la infraestructura. Los vecinos de La Ribera, localidad vecina a Timbúes, realizaron hace dos semanas un corte de ruta para protestar por la circulación de camiones.

Al costado de la ruta que une la autopista Rosario-Santa Fe con la 11 hay una especie de playa de camiones en medio de un lodazal. Ahí para el colectivo Expreso que lleva a los vecinos a las otras ciudades y a Rosario.

Alejandro Aguirre, un vecino de La Ribera, sostuvo cuando se produjo la protesta que “el problema con los camiones sobre la ruta es de hace años. Murieron dos chicos en un accidente con un camión hace dos años. En ese momento hicimos una protesta y vinieron funcionarios de la intendencia a colaborar y en un principio la respuesta fue satisfactoria, pero esto se fue dejando, el año pasado estuvo muy problemático para salir y este año ya llegó al colmo”.

El problema, en las rutas

El informe semanal de la Bolsa de Comercio destaca que “aunque el clima está yendo a favor de la actividad también se destaca el problema de las rutas”.

“Los caminos se van deteriorando año a año. Particularmente, en esta campaña las abundantes lluvias agravaron el problema”, señala el documento. “Es el gran punto débil”, porque “los caminos rurales están muy lejos de las necesidades. De ocurrir lluvias medianamente importantes, los movimientos van a complicarse mucho”, advierte.

El sendero de ripio que desemboca en las tres terminales, Cofco, Renova y Dreyfus sale a la ruta 11, que se encuentra desde hace más de una década en pésimo estado. A unos 500 metros de la intersección de ese camino precario y la ruta 11 hay un puente que cruza el río Carcarañá, que tiene una mano cortada, porque está en reparación.

El viernes a las 8 de la mañana, cuatro operarios sacaban con palas y picos los pedazos de asfalto en mal estado y los arrojaban al río, sin ningún problema. El problema en el puente ocasiona desde hace meses que se produzca un embotellamiento de camiones, que alcanza los cinco u ocho kilómetros en un día en que no es el pico de ingreso a los puertos del Gran Rosario.

“Antes de que fuera el cambio de gobierno cepillaron toda la ruta para después asfaltarla pero nunca nadie la siguió y quedó así”, señala Antonio Flores, que tiene un local de venta de comidas al costado de la ruta.

La cinta asfáltica de la ruta 11 se ve muy deteriorada. Las huellas que se forman en el pavimento son profundas y los días de lluvia se transforman en un peligro no solo para los camioneros sino también para los habitantes de los pueblos que van desde Timbúes a San Lorenzo.

“Esta semana vine todos los días a descargar granos a los puertos. Si los caminos estuvieran en mejor estado todo sería más ágil y más rápido para todos, tanto para los transportistas como para las terminales donde debemos descargar los granos”, afirma Marcelo Centeno, un camionero de Vicuña Mackenna, Córdoba.

Este hombre, de 43 años, valora que el sistema STOP, que implementó el Ministerio de Transporte de la Nación desde 2017, trajo mejoras con el establecimiento de cupos para descargar en los puertos.

“Dentro de los puertos estamos tardando entre seis y nueve horas, cuando antes era el doble. Pero los problemas son en las rutas, que están en mal estado”, recalca el transportista que desde hace 15 años va y viene con los acoplados cargados de maíz, trigo y soja.

Agustín Rodríguez, transportista de Gálvez, Santa Fe, se queja no solo del estado “calamitoso” de los caminos, sino también de que el tráfico se podría ordenar de mejor manera, según él, si en los accesos a las rutas se derivara hacia cada puerto.

“Pagamos 300 pesos por día en las playas de los puertos por una tasa municipal. Nos podrían dar algún tipo de servicio”, sostiene.

Vivir al costado de la ruta

Como las esperas de los camioneros son largas y en época de cosecha el trabajo se incrementa, los vendedores se instalan al costado de la ruta para ofrecer todo tipo de mercaderías y servicios para los choferes, desde cargas de gas para las garrafas que usan para cocinar a artículos camperos, electrodomésticos y pescado fresco del Paraná.

Roberto Sánchez, de 62 años, vende desde hace 25 años a los camioneros de la zona. Antes les ofrecía artículos de electrónica, pero desde hace seis años cambió de rubro. Ahora vende productos de talabartería para el hombre de campo. Monturas, recados y cinturones, entre otras cosas.

“El camionero que viene a los puertos vive en los pueblos. Es decir, en el campo y muchos tienen caballos, por lo que siempre hay interés por los productos criollos”, afirma Sánchez mientras “pela” con una tijera un cuero de oveja que está extendido sobre una mesa, debajo de la sombra de un paraíso que subsiste a pesar del intenso tráfico al costado de la ruta 11.

“A pesar de que hay más camiones que el año pasado, 2019 no es un buen año en las ventas”, admite. Frente a su puesto, donde exhibe también en el tronco del paraíso una colección de cuchillos artesanales, cuyas hojas las fabricó con el acero de los discos de arado, hay un local de comidas donde se ofrecen “milanesas de pescado, pero pescado”, insiste el cartel.

“Es muy malo este año. El camionero es un hombre que gasta, que tiene un trabajo pesado y quiere comer bien, pero vemos que este año se cuida mucho cada peso”, considera Rogelio Nantes, que tiene ese local desde hace una década.

Carlos Ortiz anda en una moto a toda velocidad cubierto de bolsas de ropa. Es la mercadería que vende en las playas de camiones de Vicentín, Renova, Dreyfus y Cofco.

“Le vendo ropa para la familia del camionero”, dice como si fuera un eslogan. El joven admite que tuvo que bajar los precios para poder vender. “No hay tantos camiones como dicen. Se hacen cuellos de botella algunos días, como los martes o miércoles, pero el resto está bastante tranquilo. Lo que pensamos es que va a ser constante, a diferencia del año pasado que por la sequía el trabajo mermó mucho”, explica.

En la intersección de la A012 y la ruta 34, que conduce a los puertos de San Lorenzo y Puerto San Martín, se originó un barrio. Hace unos cinco años un puestero comenzó a vender verduras a granel. Bolsas de papa y pescado fresco. Y con el tiempo se fueron estableciendo más vendedores. Actualmente ese cruce de caminos, donde hay un puesto de Gendarmería, se transformó en un caserío que tiene unas tres manzanas. Y a la vista de los efectivos funciona un desarmadero de autos ilegal.

La Nación

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