La Lechería en Problemas

La lechería argentina sigue haciendo agua. Al menos esto es lo que surge cuando se la analiza en conjunto. Sin embargo, aún en situaciones tan adversas como las de los últimos años (inundaciones, sequías, etc.) individualmente aparecen tambos que siguen siendo productiva y económicamente sustentables.

Hace pocos días varias entidades agropecuarias le pidieron al gobierno que intervenga para ayudar al sector. El pedido está más que justificado, aunque es cuestionable ya que no se puede apostar al libre juego del mercado y cuando las papas queman reclamar regulaciones. Por otro lado, no es muy probable que los productores de leche encuentren algún eco, en tanto que le están pidiendo a un gobierno que santifica la no intervención estatal en los procesos económicos. Precisamente con eso se toparon en la reciente reunión de la Mesa Nacional de Lechería. Allí participó, por la Federación Agraria Argentina, Mariela Agüero que luego del encuentro marcó su descontento al señalar que el gobierno “no tiene voluntad de arbitrar entre la industria y el productor con respecto al precio”. La dirigente agregó que las autoridades nacionales “Plantean que debemos arreglarnos entre nosotros” y que “si el Estado no ayuda a poner equilibrio los más chicos perdemos”.

Las entidades plantean que la situación se terminó de complicar con la abrupta devaluación de los últimos meses. Señalan que el 80% de los costos de producción se ven afectados por el tipo de cambio y en especial los referidos a la alimentación de las vacas por el valor en dólares de los granos y sus subproductos.

Otro de los costados del tema es que el sector sigue manteniendo grandes ineficiencias, que van desde el campo hasta las góndolas locales y que también afectan las posibilidades de exportación. Una de las cuestiones preocupantes es la calidad media de la producción. Al respecto, los especialistas señalan que a partir de 200.000 células somáticas por centímetro cúbico de leche se está en presencia de una infección mamaria. Sin embargo, en la Argentina el promedio de la leche que llega a las usinas del circuito formal (en el otro la calidad es aún menor) muestra recuentos muy superiores. En junio de este año, según los datos que aparecen en la página del Ministerio de Agroindustria, el promedio nacional fue de 400.000 células. Desde ahí arranca un problema de calidad que inhibe las posibilidades de acceder a mercados externos con productos que tengan alto valor agregado. Es que la leche con tan altos contenidos de células puede destinarse a la elaboración de leche en polvo, pero no a quesos de alta calidad. Hoy la Argentina exporta leche en polvo.

También exporta quesos, pero con frecuentes quejas de los países compradores porque en algunas partidas encuentran residuos de antibióticos u otros contaminantes químicos. Esto lleva a que a la lechería argentina le resulte prácticamente imposible cubrir demandas que aparecen en el mercado internacional de productos con alto valor agregado que requieren partir de una materia prima de alta calidad, como es el caso de la leche maternizada.

Si bien los problemas climáticos y el marco económico tienen una muy alta incidencia en el resultado de los tambos, llama la atención que ni los productores ni la industria hablen de calidad. Algunos analistas del sector indican que hasta ahora el mercado interno sigue sosteniendo a las industrias y en estricto off agregan que varias industrias estarían cómodas con esa situación.

Para que la Argentina se transforme en un proveedor internacional de productos lácteos de alto valor tiene que mejorar la calidad de la leche que produce.

 

Ing. Agr. Daniel A. Valerio

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