Entre el dólar y las retenciones: del dicho al hecho

Se han escuchado promesas más grandilocuentes que posibles acerca de las medidas económicas para “auxiliar” al sector agropecuario. Muchas gozan de una popularidad extraordinaria entre la gente de campo que, harta del manoseo y el destrato, quiere soluciones concretas que le aflojen la “soga” que los está asfixiando. Pero mejor que decir es hacer y a la hora de hacer no será tan fácil ni tan real como nos prometen.

El nuevo presidente de los argentinos tendrá una ardua tarea a la hora de ordenar la macroeconomía y poner a andar nuevamente la rueda del crecimiento económico que es el que, en definitiva, promueve la creación de empleo y la mejora de las condiciones generales del aparato productivo. Son muchos los aspectos que deberá atacar a fin de generar un “shock” de confianza que permita volcar nuevamente a la producción y la economía real los recursos que hasta ahora “especulaban”, a la sombra de la incertidumbre, y se reservaban en colchones y cajas fuertes. Siempre nos embarga la cautela cuando el escenario no es claro, y últimamente así ocurría. La muestra de ello es la permanente compra de divisas “para ahorro” que se produjo en los últimos cuatro meses y que tuvo como objetivo tomar un refugio hasta que se resuelvan medidas de fondo respecto a las variables más deterioradas de la economía. La sabiduría popular no es tan ingenua como muchos creen.

Respecto al sector agropecuario hay dos temas esenciales: las retenciones y el valor de dólar como referencia. Muchos piden casi desesperados un tipo de cambio alto que mejore las condiciones de competitividad en los mercados internacionales para que se oxigene el aparato productivo del interior a la vez que ingresen divisas al país, pero el temor a un salto inflacionario se mantiene latente. Nuestra historia tiene numerosos ejemplos para graficar como impacta un salto en el tipo de cambio sobre el nivel de precios internos. Nuestra estructura de precios está profundamente influenciada por el valor del dólar. La realidad es que lo más importante sería unificar el tipo de cambio, para que el dólar se pueda transar a un solo precio y evitar que algunos se perjudiquen y otros se beneficien con la redistribución de recursos que se produce en un contexto con más de 5 tipos de cambio distinto. No hace falta aclarar quienes se perjudican y quienes se benefician en la actualidad cuando un productor del interior recibe su paga a razón de $7/U$S y sus costos están estructurados a razón de $14/U$S por un lado, y el “dólar ahorro” se compra a $10/U$S y se encuentra atrasado. El tipo de cambio debería ser uno solo, la pregunta más interesante es como hacer para unificar el mercado cambiario sin que el valor se dispare. Pedir un tipo de cambio alto en sí mismo no tiene sentido. Un dólar a $20 solo arrastraría el resto de los precios y en poco tiempo perdería sus “cualidades”. Hace falta una política cambiaria y monetaria planificada e integral, que ayude a sincerar las variables distorsionadas y que “ataque” con medidas las consecuencias no deseadas de las mismas.

Por otro lado, se habla de las retenciones y la necesidad imperiosa de quitarlas para no seguir asfixiando al sector agropecuario. Se han destruido mercados como el del trigo y la leche gracias a una política de “no política” hacia el sector productivo más versátil y mejor encadenado de la economía. El interior del país sabe perfectamente cuantos recursos mueve el campo. Pero no hay que ser hipócrita: la quita de las retenciones, sino se hace gradualmente, solo va a reforzar el poder de mercado de las grandes comercializadoras que son las que en la actualidad concentran los mejores márgenes y el mayor grado de poder de mercado. Quitar las retenciones sería transferirles renta. Son las grandes empresas de comercialización las que manejan “la vara” y se apropian del margen que el productor no gana.

Un brusco reacomodo en los precios producto de la quita de retenciones no va a redundar en un aumento directo del precio al productor. Es necesario ir reduciendo de a poco el esquema de retenciones e ir regulando (o desregulando) los mercados para que la cadena productiva capitalice el aumento de ingresos en los eslabones que deben recibir mejores precios. La quita de retenciones por sí misma, una vez más, no sirve para nada. Hay mucha concentración de poder económico en la cadena de valor agroalimentaria y es ese esquema el que también hay que corregir. Mientras tanto es necesario reforzar con medidas de asistencia crediticia y subvenciones económicas a los productores que no alcanzan a cosechar su trabajo para tener que venderlo y fondearse. Los costos financieros se han incrementado y en muchos casos es más sano tener una adecuada política financiera que productiva. Cuando empieza a ser más conveniente aplicar fondos a la especulación financiera que a la producción, algo no anda bien. Y eso está ocurriendo hace ya varios meses en nuestro país. Hay que pensar la política agropecuaria de manera integral y no quedarse solo con medidas aisladas que traducen el hartazgo –fundado- de los productores. El discurso suena tentador pero esperemos que a la hora de poner a andar políticas hacia el sector se haga un análisis más completo e integral.

Juan Ignacion Lozano
Lic. en Economía. Consultor en Agronegocios
Ideas&Economía

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