Alternativas de financiamiento cuando la consigna es retener

 

 

En la etapa de mayor actividad agrícola de la zona núcleo, los avances de la cosecha gruesa encuentran a los participantes del sector enfrentando un escenario por demás de complejo. La recta final de una campaña que resultó sobresaliente desde lo agronómico – con rindes excelentes y una cosecha que marca un récord para la soja – deja un balance negativo desde lo económico. Los precios internacionales de los commodities agrícolas tomaron distancia de los elevados niveles alcanzados en años anteriores mientras que el proceso inflacionario y el atraso cambiario pusieron los márgenes de producción en jaque. En la era de la agricultura de precisión, los productores requieren también finanzas de precisión.

De cara a la adversidad, los productores recurren a una estrategia que les resulta conocida: retener la producción a la espera de condiciones que resulten más favorables. Esta mejora podría venir en la forma de una mejora en los precios internacionales (alternativa únicamente posible ante un evento climático en el hemisferio norte durante la segunda mitad del año), una devaluación del peso o una reducción en los derechos de exportación aplicables al “yuyo”. En otros cultivos, como es el caso del maíz, a la enumeración anterior se podría agregar una mayor apertura comercial para hacer las exportaciones más fluidas.

El panorama descripto conlleva un resultado que deviene en obvio. Cerrado el mes de abril, la comercialización de granos aparece demorada en relación a los avances promedio de años anteriores. A pesar de que se levantarán casi 60 millones de toneladas de soja, la primera semana del mes de mayo muestra que las ventas de productores a industriales y exportadores ascendían a unos 21 millones de toneladas. De este tonelaje, más de la mitad estaba entregado bajo la modalidad de “precio a fijar”, lo que implica que el vendedor posterga la cobranza a la espera de un escenario renovado. La proporción de ventas con precio a fijar es una de las mayores en la serie histórica.

No obstante, la posibilidad de postergar las ventas o las fijaciones de precios encuentra un límite relacionado a las necesidades financieras de los productores. Ante esto, la búsqueda de opciones para el financiamiento de los gastos de la campaña aparece como una máxima prioridad para el sector. El desafío no resulta sencillo. El campo encuentra limitadas ventanillas para el acceso a un financiamiento competitivo.

Según las estadísticas publicadas por el Banco Central de la República Argentina, los créditos obtenidos por productores agrícolas de cereales, oleaginosas y forrajeras alcanzan apenas un 3,3% del total de los fondos prestados por el sistema financiero. Comparando datos del primer trimestre de cada año, se trata de la participación más baja en este rubro desde el 2006. En parte, esto se explica por las restricciones que encontraron los productores agrícolas para obtener financiamiento en el Banco Nación desde el año pasado. En los casos de entidades que sí atienden a los productores, en muchos casos las tasas de interés resultan elevadas, lo que termina por convertirse en un regalo griego para la ya compleja ecuación de rentabilidad.

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El mercado de capitales ofrece otras alternativas de fondeo que parecen aplicables a este escenario. La captación de fondos puede realizarse también a partir del descuento de cheques de pago diferido en el ámbito bursátil. Esta operatoria permite  a los productores obtener dinero fresco utilizando como garantía de las operaciones la misma mercadería retenida o bien los derechos de cobro por la producción entregada a la exportación cuyo precio aún no fue fijado.

En el caso de garantizar las operaciones con mercadería retenida, el productor deberá constituir un depósito de la misma en una warrantera. Esto puede ser definido como una operación mercantil que permite que un sujeto poseedor de activos de cualquier tipo (en este caso, commodities agrícolas) proceda a entregarlos en depósito a un tercero con expresa autorización estatal con el objeto de que éste último cuide y conserve la mercadería o producto entregado. Contra este depósito, la almacenadora emite un certificado de depósito y un warrant que puede ser utilizado como garantía de las operaciones de financiamiento. Es justamente este certificado de depósito y warrant el instrumento que es cedido en garantía mientras persista la obligación de responder ante acreedores por los fondos recibidos.

Tras esto, el productor puede descontar cheques obteniendo los pesos necesarios para atender a sus necesidades de fondos. Para esto resulta necesario acudir a un agente de bolsa que actúe como intermediario de la operación. Bajo este esquema, el productor mantiene la propiedad de la mercadería, pudiendo optar por venderla bajo mejores condiciones de precio. En otras palabras, disocia la decisión de venta de las necesidades de liquidez.

Los derechos de cobro de la mercadería entregada con precio a fijar pueden ser igualmente utilizados como respaldo de operaciones de descuento de cheques de pago diferido en el mercado de capitales. En este caso, el productor agrícola (también por intermedio de un agente de bolsa) puede ceder los derechos de cobro al Mercado Argentino de Valores S.A. y obtener un cupo de financiamiento que podrá utilizar para proceder a subastar cheques de pago diferido que le permitan hacerse de pesos contantes y sonantes. En esta modalidad operativa, el productor mantiene la facultad de fijar el precio de la mercadería entregada en el momento que aparezca conveniente.

Adicionalmente, estas alternativas de financiamiento pueden combinarse con operaciones en el mercado a término que protejan al productor de caídas en las cotizaciones de la producción (sea retenida o entregada sin precio firme). Esto a su vez incrementa el cupo de financiamiento al que puede acceder al proteger la garantía otorgada a las operaciones de crédito de una eventual desvalorización producto de una baja en los precios de referencia.

Ante un contexto que se muestra desalentador, los actores de las economías productivas deben agudizar el ingenio en la búsqueda de un financiamiento que se muestra esquivo. En muchos casos, las vías más tradicionales de acceso al crédito no se encuentran disponibles por lo que los productores deben explorar nuevas alternativas para la obtención de los fondos líquidos que den aire a una mejor estrategia comercial. En un mundo que ya incorporó las técnicas de agricultura de precisión, llevando los rendimientos de las tierras hasta nuevos estándares, los vaivenes de la política económica plantean ahora la necesidad de una planificación financiera que ofrezca igualmente un variado menú de opciones para el crédito y la protección de los precios de venta.
Leandro Fisanotti
Lic. en Administración – Mg. en Finanzas

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